Resistencia antimicrobiana en Uruguay: “es un temaprioritario en el que mejorar, aunque no estemos entrelos peores escenarios”
- Yonnatan Santos Preste
- 27 abr
- 4 Min. de lectura

El uso inadecuado de antimicrobianos en la ganadería puede generar bacterias resistentes que
se transmiten a las personas a través de los alimentos, el ambiente o el contacto directo,
comprometiendo la eficacia de tratamientos médicos en animales y en humanos. Además, la
diseminación de estas resistencias afecta los ecosistemas y puede generar pérdidas
económicas, sanitarias y comerciales a nivel país. En este escenario, el Instituto Nacional de
Investigación Agropecuaria (INIA) organizó una Jornada de Actualización en Salud Animal en
Lechería, donde convocó a expertos para hablar sobre esta problemática, definida por la
Organización Mundial de la Salud como una de las mayores amenazas de salud pública del siglo
XXI.
Entre los referentes, la investigadora de la Plataforma de Salud Animal (PSA) de INIA, DCV.
(PhD.) María Laura Casaux, estuvo a cargo de la charla “Resistencia antimicrobiana (RAM) en
Uruguay”, donde dimensionó la problemática en el sector agropecuario uruguayo y se enfocó
en las estrategias nacionales para anticipar, mitigar y revertir sus efectos.
La investigadora explicó que “la RAM es la capacidad de las bacterias para sobrevivir a
antibióticos que antes eran eficaces para eliminarlas o inhibir su crecimiento” y es un fenómeno
impulsado en gran medida por el uso excesivo o incorrecto de estos fármacos.
A nivel nacional, señaló que “tenemos que mejorar, pero no estamos entre los peores
escenarios”. El país cuenta con sistemas de vigilancia relativamente sólidos y un enfoque activo
impulsado desde el ámbito público, pero los datos muestran una tendencia creciente: las
infecciones con mecanismos de resistencia fenotípica pasaron de 8,1% en 2020 a 14,5% en
2024, según el Informe Nacional de Vigilancia de Infecciones Asociadas a la Atención en Salud y
resistencia antimicrobiana 2020-2024.
En el sector agropecuario, si bien la ganadería extensiva predominante en Uruguay ha
contribuido a mantener las cifras relativamente controladas en comparación con países con
producción más intensiva, se han detectado casos de bacterias resistentes, especialmente en
sectores como la lechería y sistemas más intensivos. “Frente a esto, distintas instituciones han
implementado estrategias de monitoreo, investigación y promoción del uso responsable de
antimicrobianos para evitar que la situación se agrave”, señaló.
Consultada por las garantías que puede dar el sistema lechero uruguayo en materia de inocuidad
de sus productos, dados los últimos casos de infracciones por presencia de residuos en otros
rubros, Casaux fue clara. “Uruguay ofrece garantías sanitarias basadas en el cumplimiento de
estándares internacionales, estrictos controles en la cadena láctea, una sólida trazabilidad y la
aplicación de planes nacionales de vigilancia, posicionándose con un riesgo relativamente bajo
tanto en la presencia de residuos, como en la diseminación de resistencia antimicrobiana”.
Aun así, señaló que hay desafíos para atender. El más inmediato es la pérdida de sensibilidad de
patógenos claves, como los agentes causantes de la mastitis bovina, frente a tratamientos
tradicionales, lo que deriva en herramientas terapéuticas cada vez más limitadas. A este se
suman la contaminación cruzada ambiental, derivada de efluentes y estiércol con vectores de
dispersión hacia fuentes de agua y suelos; y la presión de realizar transacciones económicas
viables hacia modelos libres de antibióticos, lo que exige una inversión masiva en
infraestructura de bienestar animal y planes vacunales robustos.
Sobre las prácticas que favorecen la aparición de resistencias, la investigadora señaló aquellas
que priorizan el uso de antibióticos como sustituto de la higiene y el manejo ambiental. En este
sentido, desde la PSA de INIA impulsan un enfoque que prioriza la reducción de enfermedades
mediante buenas prácticas de manejo como una adecuada higiene y administración de
calostro, bienestar animal y planes sanitarios de acuerdo con cada situación.
Casaux también fue enfática en la importancia de realizar diagnósticos antes de aplicar
tratamientos para evitar el uso “a ciegas” de antibióticos y de utilizarlos únicamente bajo
prescripción veterinaria. Destacó la necesidad de respetar dosis y tiempos de retiro, llevar
registros de los tratamientos y fortalecer la capacitación del personal. “Estas medidas, junto con el
monitoreo y la mejora continua del sistema productivo, permiten disminuir la dependencia de
antimicrobianos y mitigar los impactos sanitarios, productivos y económicos asociados a la RAM”,
subrayó.
En investigación, apuntó que actualmente la PSA de INIA trabaja en el relevamiento del uso de
antibióticos, en la caracterización fenotípica, genómica y genotípica de aislamientos bacterianos
para determinar perfiles de susceptibilidad antimicrobiana, y en la elaboración de informes de
vigilancia epidemiológica basados en casos de campo. Además, gestiona iniciativas de
cooperación para el relevamiento del uso de antibióticos y el monitoreo ambiental en predios
lecheros.
Asimismo, el instituto ha tenido un rol relevante en la construcción de la estrategia país para
afrontar este tema. En 2024, contribuyó técnicamente al desarrollo del Plan Estratégico Nacional
de Resistencia Antibiótica y del Plan de Acción Nacional contra la Resistencia Antimicrobiana
(2024–2028). También participa y asiste técnicamente a representantes de Uruguay en el Global
Leaders Group on Antimicrobial Resistance, promoviendo acciones políticas prioritarias para el
acceso y uso responsable de los antimicrobianos.
Sobre el cierre, la experta apuntó que “la resistencia antimicrobiana debe priorizarse en Uruguay
no solo por su impacto productivo, sino porque constituye un problema integral bajo el enfoque
de ‘Una salud’”. En este sentido, reiteró la importancia de abordarlo con una mirada integral,
coordinada y basándose en evidencia científica, y concluyó que “priorizarlo en la agenda nacional
implica proteger simultáneamente la salud pública, la producción agropecuaria y el ambiente”.





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